Mientras
en España nos entretenemos con la pelea soberana del catalanismo, Macron
declara en Francia el fin del soberanismo popular sumiendo a los independentistas
catalanes en la mayor paradoja de toda su historia.
Los herederos
de la revolución francesa pasan página y abandonan el gorro frigio en el
armario del Louvre, y el eje franco–alemán se mueve para crear una nueva Europa
donde Macron se perfila ya como el nuevo Napoleón del Imperio Europeo
anunciando una profunda reestructuración del Estado Francés.