Afirmaba recientemente un destacado banquero checo en un foro internacional que la gente vota con su billetera, y no le falta razón si, al menos, entendemos que cada cual vota con la conciencia que tiene de su billetera.
Ciertamente la frase puede sonar arrogante para sensibilidades acomodadas, pero su alta dosis de realismo pragmático no deja lugar a empachos ideológicos de moralidades difusas. Objetivamente la billetera, grosso modo, ha separado siempre a la humanidad en ricos y pobres. Razón por la que la democracia liberal presenta una fuerte deriva hacia la versión pragmática contemporánea de "un euro–un voto" en lugar de la versión romántica original de "una persona–un voto". Sin embargo la conciencia de cada uno fluctúa sobremanera en el campo de la billetera particular.