
Europa
se deshace, Estados Unidos se aisla y el mundo se reviste de una incertidumbre
profunda consecuencia del gran daño provocado por la crisis financiera de 2008.
Pocos confían en el futuro y muchos ciudadanos en todos los rincones del
planeta han perdido la fe en el progreso. En occidente pocos creen que el
futuro les traerá una mejora material, y menos aún que sus hijos vayan a tener
una vida mejor que la suya.